Ausencias que cambian la vida

Ya tiene varios años desde que la muerte de mis padres vino a darme el golpe emocional más duro de mi vida a la fecha… años van, años vienen y con todo y que mi Psicóloga ha sido de gran ayuda, aún no he podido estar en paz con su ausencia, siempre cálidos, siempre enseñándome con el ejemplo, sonriendo, con la preocupaciones del mundo a cuestas pero siempre con la palabra precisa para confortar al corazón y su alma atribulada… me tenían paciencia.

Nunca pensamos que nuestra vida vaya cambiar, de hecho nos sumimos en la rutina que parece no acabar hasta que un evento afortunado o su opuesto llega a provocar que el mundo se vuelque sobre nosotros, aquel año cuando ambos fallecieron pareció sentirse así, tuve miedo, resignación y enojo, no por lo que haya hecho o dejado de hacer, sino por que dos personas que amaban la vida, que despertaban con toda la energía para devorar el mundo, enfrentarse a quien sea, sobrepasar sus propias limitaciones y disfrutar con sus seres amados, al fin fueron vencidos por el peso de sus propias decisiones sumadas a la edad.

El fin de semana un miedo irracional llegó a mi corazón, tuve un malentendido con mi hermano, nada grave pero mi mente elaboró una serie de futuros posibles derivados de este evento… el miedo más grande fue perderlo, no porque muriera sino porque no volviera a querer hablar conmigo, soy una persona de miedos con una ansiedad incontrolable, de esos que temen salir de casa a, igual que quedarse, que se sienten inseguros con todo y ante todos, que a pesar de ello avanzan con paso firme pensando siempre que la adversidad les espera en la siguiente pisada.

Pensar en no verlo me llenó de miedo, ira y tristeza… después de un par de días todo parece haberse arreglado, sin embargo hay un dejo de temor en mí, antes ya perdí gran parte de mi mundo y me aterra perder más, funciono bien en soledad sin embargo la alegría que me provoca ver bien a quienes amo estar felices puede borrarme de la vida todo mal, al menos temporalmente.

La ausencia de las personas es un pero grande que inevitablemente debemos cargar, sea que hayan muerto o simplemente no formen parte ya de nuestras vidas… las ausencias jamás se reparan, lo lugares nunca se llenan y la pena no desaparece. Si bien el dolor se elige, no se elige la memoria muscular traiciona, la memoria llega de cuando en cuando a reabrir heridas, los sonidos, los aromas, las risas. Esas ausencias cambian la vida, jamás volvemos a ser quienes una vez fuimos, sin importar cuanto esfuerzo pongamos, el olvidar es una camino sin final…

Juegos, mis queridos juegos

No recuerdo a qué edad desarrollé el gusto por jugar, obviamente fue desde muy pequeño porque desde que tengo memoria no he dejado de hacerlo.

Los juegos han sido mi forma de aprender sobre el mundo, gracias a ellos sigo aprendiendo a vencer mi miedo a socializar con las demás personas, el hecho de perder y perder me ha llevado a un camino donde desarrollo la constancia, aquella virtud tan escasa en mi día a día. Podría decir que mis mejores recuerdos de la vida han ocurrido mientras un juego se llevaba a cabo, desde las veces que jugaba en la cama con mi mamá a ir en expediciones al polo norte, cuando estábamos en plena reta de The King of Fighters con mis amigos de la prepa e incluso los torneos de Magic the Gathering que tanto me emocionan, cada uno de esos eventos trae consigo una carga emocional indescriptiblemente positiva sin importar si he ganado o perdido.

Una de las experiencias emotivas más recientes fue haberle regalado un juego de mesa a mi hermano y un Ping Pong a mi sobrino durante la celebración de sus cumpleaños y terminar jugando toda la familia, riéndonos a carcajadas mientras el pequeño decía que le había encantado el día.

Soy una persona complicada, como todos los lectores de este blog saben, demasiado sensible para abrirme de lleno con la gente y demasiado descuidado como para no temer herir a las personas cuando trato de socializar con ellas, con todo eso el andar en este mundo se me ha complicado bastante y es gracias a los juegos que hoy por hoy me siento más parte de una sociedad aunque no la entienda por completo, me siento más cerca de la gente con todo y las radicales diferencias que nos caracterizan, tengo menos miedos los cuales poco a poco voy conquistando o al menos controlando cual si estuviera peleando con el jefe de algún RPG sabiendo que me queda aún gran tramo por recorrer.

Tan fútil como suena expresarle amor a un hobby como es jugar, hoy por hoy lo reafirmo. En fechas recientes salió a la venta el remake de un videojuego que solía jugar con mi mejor amigo de esa época, al cuál hasta un post le dediqué; bien, ese juego nos tomó muchas horas conquistarlo, recuerdo vívidamente estar en su sala aguantándonos el decir groserías ante la frustración cuando perdíamos para que sus papás no nos dijeran nada, recuerdo el olor del sillón, de la sala de estar e incluso el color de la luz que se colaba por la ventana al atardecer mientras consumíamos el tiempo con celeridad pegados a los controles del PS-One. Cada que juego revivo las risas, parece que puedo ver su cara de asombro o escuchar su voz diciendo: – ¡¡no vas a llegar!! –  para después culminar con un: – ¡¡Mugre Sergio si llegaste!! -.

Anécdotas como esa han ido parchando mis inseguridades, miedos y construyendo un fuerte de muestras de afecto, risas, derrotas y triunfos e incluso llanto que hoy por hoy dan forma a lo que soy. Vivo la vida como el juego más grande en el que tengo garantizada la muerte, no puedo sino emocionarme por disfrutar cada momento del viaje hasta que el inevitable destino me muestre el final verdadero.

 

Jugando Calabozos y Dragones (la primera vez)

Ya no me acuerdo que año transcurría pero si sé que aún estaba en la universidad, junto con mis amigos teníamos la costumbre de sentarnos en un lugar que bautizamos como “La Cisterna Prohibida” que no era más que una simple cisterna ubicada en la parte trasera del edificio 108 de la Facultad de Arquitectura en la BUAP. Día a día nos pasábamos por ahí al menos un rato ya sea para comer algo, platicar, jugar Magic o simplemente relajarnos entre clase y clase o durante la falta de estas.

Cierto día mientras jugábamos Magic, un trio se aproximó a vernos jugar, cosa nada rara pues a gran parte de las personas se les hacía curioso que siendo universitarios nos inclináramos a jugar Yu-Gi-Oh!, Magic o el juego que de momento nos tuviera cautivos. Dicho trío eran dos chicos Ernesto y Vera(no recuerdo cómo se llamaba sólo su apellido) acompañados de una chica que tampoco recuerdo su nombre. Ernesto era muy sociable, cosa rara para el geek promedio; de inmediato nos abordaron para conversar e incluirse en nuestro creciente círculos de ñoños amantes del anime, rol, ciencia ficción y cosas similares.

Los días pasaron en esa cisterna y mientras la amistad crecía Ernesto nos confesó que era Dungeon Master a lo que todos respondimos con cara de asombro, acto seguido nos invitó a ser parte de su “party” como se nombra normalmente a quienes conforman la partida de dicho juego, la respuesta obviamente fue un aplastante sí. La primera vez que jugamos fue en la cisterna prohibida, nos enseñó a armar personajes, calcular sus estadísticas, habilidades, destrezas y nos contó de forma individual la historia de cada uno de los personajes que creamos en ese momento; dado que no fue una tarea rápida dejamos pausado el juego hasta la próxima ocasión.

Días después nos juntamos a jugar en casa de Ernesto que vivía a unos minutos en transporte de la universidad, una vez ahí, sobre el comedor desperdigamos todas las hojas de personaje, los libros de bestias, jugador, Dungeon Master, dados de diferente número de caras y algunos snacks, era hora de jugar.

Ernesto comenzó a hablarnos con cara misteriosa y contarnos una historia sobre cierta villa cuyas características nos hicieron recordar a “la comarca” de Tolkien, habló durante un rato manteniéndonos cautivos por el relato cuando de pronto comenzó a describir al primer jugador en entrar en escena, acto seguido el jugador tomó la palabra y continúo la historia siendo él el protagonista, conforme la historia avanzó alternaban entre el Master (Ernesto) y los demás jugadores que íbamos tomando la palabra conforme la historia del master coincidía con la de nuestro personaje. Al cabo de un rato estábamos todos en el mismo equipo listos para iniciar la misión que nos deparaba la interesante historia.

Nuestra party emprendió el camino internándose en el bosque donde se toparon con una banda de trasgos(goblins) que deseaban quitarnos nuestras pertenencias, en ese momento comenzaba nuestro primer encuentro a la voz de -iniciativas- que es la palabra que los Dungeon Master usan para indicar que debe tirarse un dado y quien saque la cantidad más alta será quien tome el primer turno. El afortunado fue Vera que en ese momento jugaba como paladín el cual arremetió espada en mano contra la criatura más cercana, el segundo turno correspondió a Armando, quien estaba jugando como pícaro el cuál se escondió para preparar una emboscada, la chica tomó el siguiente turno jugando como un clérigo que prefirió ocultarse para preparar su siguiente jugada, el próximo fui yo que en el momento jugaba un mago, era mi primera vez jugando así que decidí lanzar magic missile a lo cual el Dungeon Master me pidió actuar y decir el hechizo, ruborizado me rehusé mientras me reía nervioso a dicha acción me indicó que para llevar a cabo dicha acción necesitaba de los componentes verbal y somático, o sea decir y hacer movimientos que indicaran que el hechizo se iba a lanzar(en el momento no supe si era cierto), me tomó tiempo aceptarlo hasta que por fin lo hice para poder avanzar, el último turno perteneció a Mike quien jugaba como Bárbaro quién cargó apoyado en sus características tiradas elevadas en daño y destreza contra los goblins quienes al cabo de algunas jugadas nos permitieron avanzar.

De esa forma siguieron las horas pasando hasta casi el anochecer, decidimos terminar la sesión pues se hacía tarde y el transporte podía volverse un problema. Los días pasaron bajo esa misma dinámica durante todo el cuatrimestre, llevamos a cabo toda clase de hechizos, actuamos cada etapa crucial sin importarnos si estábamos en la cafetería, en la cisterna prohibida o los salones de clases, cada vez todo era más divertido pues nos desinhibimos forjando un grupo muy interesante, variado pero que con el paso del tiempo y la adultez aproximándose hizo que cada uno tomáramos nuestro propio camino.

Aún recuerdo con cariño aquellos años en que todo eran risas, conocer gente nueva y siempre sumar personas a nuestro grupo, donde los egos no habían crecido tanto nublando la vista de todos, pensando que siempre se era más que los demás. En aquella época todos éramos iguales, compartíamos el conocimiento, creábamos experiencias que nos hacían crecer como personas aunque, al final todo aquello se nubló bajo la sombra de las parejas de cada miembro del grupo, el comenzar a pensar en qué haríamos después de la universidad cuando tuviésemos que comportarnos como las “normas adultas” dictan y el aplastante sentimiento de seguir con las costumbres de casarse, tener hijos, envejecer y dejar que la diversión se diluya entre recuerdos.

Extraño a mi primer Party pero me siento muy feliz de las que le siguieron y de haber compartido tantas vivencias con tanta gente, todo en un mundo de fantasía que dificilmente nos será arrebatado.

El café de la noche.

Una conversación casual después de pasarse la tarde ingiriendo alcohol, mirando a los demás, hablando de ellos y andando por la vida sin otra preocupación que ocupar nuestro tiempo mientras aún podamos respirar.

Una noche lluviosa con dejos de melancolía enmarca la conversación, los amigos departiendo, las “nuevas parejas” conociéndose un poco más a fondo más allá de lo que se inventan en las redes sociales.

Las palabras de nuestro grupo fluyen con celeridad, evidentemente nadie está pensando en lo que dice, quizás sean los humos del alcohol que hacen mella en la falsa moral que todos aparentamos y que sirve como filtro a las palabras. Cada cual cuenta sus aventuras de adulto. Qué diferentes suenan todos de aquellos adolescentes que hablaban sobre caricaturas, proezas en los video juegos o sus intentos fallidos por conquistar una pareja cuando apenas si podían sacar una buena calificación en la escuela.

Años han pasado y henos aquí, bajo el cobijo de una multitud que apenas nos nota, escuchando la lluvia caer, hablando sin pensar pero revelando más de nuestras almas que todo lo que hayamos podido mostrar anteriormente. Añoro al igual que varios los tiempos más simples, donde no había bello en nuestras caras, donde las sonrisas abundaban y los ojos sin pesares mostraban esa ansia de comerse al mundo, cada uno según su propio apetito.

Después de todo el tiempo que llevamos conociéndonos, los cuatro seguimos mirándonos con los mismos ojos de amigos, a pesar de que todos hemos ya hecho vida con nuestra pareja o en el caso del mas joven, con parejas de a día. El café se va consumiendo al igual que los cigarrillos y sigo preguntándome si es que estoy muy chapado a la antigua respecto a los temas de pareja. He crecido pensando en que la camaradería y complicidad de una pareja no puede compartirse con nadie más, que ese vínculo es tan privado, tan bello que hemos decidido honrarlo estando juntos mientras podamos; sin embargo al escuchar hablar al resto del grupo me doy cuenta que no todos pensamos o sentimos así.

De pronto me encuentro taciturno en medio de un remolino de palabras sobre las preferencias y aventuras sexuales de quienes me acompañan. Hay tanto que escuchar en esas historias, tanto que sale a la luz sobre el alma de cada uno mientras cuentan con celeridad y algo de pasión todas sus aventuras, no se si están al tanto de que todo lo que dicen está empapado de educación, afecciones, sueños, esperanzas y desengaños; envuelto todo en historias sobre placeres o demostraciones de poder.

Entiendo que el amor no tiene un solo receptáculo en la vida, se ama casi todo en alguna magnitud, el amor por las personas es igual, puede ser depositado en más de una con los matices que implica la individualidad ajena. Hablamos de poligamia como de politeísmo mientras las colillas se acumulan en los ceniceros sobre la mesa, la lluvia parece volverse más copiosa conforme la conversación se torna candente, el desfile de individuos al rededor nuestro parece no tener fin, nos miran con preguntas en los ojos pues, las “buenas costumbres” dictarían que estos no son temas para tocar por cuatro adultos de voces fuertes en una cafetería familiar. No nos importa.

Se habla de que por naturaleza no podemos ser monógamos y una vez más mi formación da un salto dentro mío, como queriendo argumentar algo defendiendo el hecho de que no me es posible tener sexo con alguien por quien nada siento, mi educación también tira de la manga de mi camisa recordándome que cada uno tiene sus formas, a cada uno le funcionan cosas diferentes y que la moral, concepto anticuado, es un lastre que a mas de uno nos pesa, que es el pretexto perfecto para que los incapaces puedan evadir el abrazo de la selecciona natural y puedan competir en igualdad física con los más aptos.

La conversación está muy lejos de aquellas que tuve en mi juventud con intelectuales en mi ciudad natal, ambas las disfruto pues abren un abanico inmenso de conocimiento que cuestiona los cimientos de mi formación social, académica y personal, lo disfruto pero no me deja de doler la ruptura de las “viejas maneras”, pues me he esforzado por llenar expectativas ajenas desde que recuerdo, a veces me es imposible escapar de es costumbre, pero estoy tratando.

Los ojos de dos comienzan a desorbitarse, parece que el café ya no es suficiente para amainar los estragos del alcohol en nuestro misceláneo grupo. Uno por fin se va argumentando que tiene que estar en otro lado, siempre es así, pretende tener una agenda llena para ocultar su miedo al compromiso y necesidad de atención, sabemos que va donde le hagan lisonjas, donde le digan que su juventud no le ha abandonado, donde con suerte pueda tener una relación de una sola noche pues mañana al despertar en la soledad de su cama, reanudará la búsqueda de su pareja ideal… por una noche.

El segundo parte también, tiene una historia con las drogas y parece que la abstinencia le está alcanzando de nuevo, espero que llegue bien a casa porque conociéndole terminará acostado en una cama ajena probablemente en un estado inconveniente enmarcando el cuadro en su ansia de autodestrucción que jamás le ha abandonado desde que nos conocemos.

Nos quedamos dos, la conversación sin ellos es complicada pues aunque nos queremos  sabemos que somos polos opuestos, nos gustan cosas similares de cuando en cuando y esas son nuestro salva vidas cuando todo se pone raro. El tiempo pasa hasta el punto que la lluvia cesa dejándonos en el café a una pareja y a nosotros, los meseros nos miran mientras pedimos la cuenta, la pareja de junto hace lo mismo, nos sonreímos mutuamente mientras los ojos de ella nos miran curiosos, las barbas nos hacen parecer familiares y quizás la forma en que nos miramos engañe a más de uno.

Salimos con la pareja hablando de trivialidades, diciendo chascarrillos para hacer más ameno el rato, nos compartimos el Facebook para quedar con ellos la próxima vez pues les parecimos divertidos, yo me siento como animal de zoológico exhibiéndome porque no me queda de otra ante la mirada curiosa de las personas, mientras el con su clásica sonrisa les haces plática hasta que deciden irse.

Nos miramos largo rato porque así es como somos, un par de curiosos parados en el extremo del mundo viendo al otro lado, nos abrazamos y damos un beso porque eso hacemos, es lo más natural en nuestro círculo que se ha ido acortando debido a a susceptibilidad de los demás miembros. No nos importa.

Espero a que el auto venga por el porque eso es lo que hago, cuido a quienes quiero, se que en casa le espera su pareja probablemente solo para volver a salir más noche o armar una reunión más pequeña en su departamento con “amigos divertidos” a donde no estoy invitado porque como dije, estoy chapado a la antigua. Se que es feliz con esa vida y me alegra, al subir al auto se va mirándome como si no se quisiera ir y con la curiosidad de preguntarme más sobre mi vida, sabe que no le diría nada por mas que lo quiera porque mis batallas las gano o pierdo solo, soy ese enigma en el grupo que si bien no es desagradable, a veces es incómodo.

Esta noche decidí caminar mientras le veo marchar, acomodo mi boina, meto las manos en la chamarra, ajusto los anteojos y con paso pausado camino hasta el departamento, nadie me espera porque hace años que decidí que no deseaba preocupar a las personas, me voy pensando en cómo las formas se hacen viejas, en cómo todo se marchita con el paso del tiempo por más que nos empeñemos en cuidarlo, me voy extrañando a mis padres, a mis amigos e incluso a mi ex pareja que tanto quiero. Dudo que algún día pueda amar a alguien de la forma que le amé, pero ya no me preocupa porque en la vida he conocido un amor pleno, recíproco e intenso.

La noche cubre mis andar mientras el ruido de la calle ahoga mis pasos entre la multitud, llego a casa, me doy un baño caliente que me reanima, después en la intimidad de mi cuarto cubro mi desnudez con la vieja guitarra que mi madre me regalara y comienzo a rasguear la melodía que compuse anoche, una vez más quiero que el alba me arrulle y me haga dormir tranquilo, en paz.

Crepúsculo

Ante mis ojos no hay medias tintas, todo es o no es, no hay forma de tener cosas a medias cuando yo mismo vivo todo a medias, al menos algo en mi vida debe ser definitivo más allá de la certeza de vida y muerte. Amo la intensidad con que las nuevas experiencias comienzan, amo la intensidad y dolor con que terminan, podría decirse que amo los finales porque de ellos emergen nuevos comienzos intensos, con esperanzas, con todo por descubrir.

Por la mañana rumbo al trabajo me descubrí mirando a la nada, un horizonte vacío con todo conocido, todo repetido, todo ya visto. Nada había ahí que iluminara mis ojos, que embriagara mis sentidos o que despejara mi mente. Por lo regular la luz del día ha sido mi motores para acompañando al sol hasta su muerte, sin embargo conforme me hago viejo esta fórmula deja de funcionar.

Día y noche son bellos porque son perfectos, inmaculados, delimitados e irrepetibles. No hay día o noche igual al anterior, eso los hace especiales.

Con el tiempo tengo una incomodidad creciente en el pecho, me he dado cuenta que no me gusta la imperfección del mundo humano, la mente nos lleva por tantos caminos con su gran poder que al final nos convertimos en seres erráticos, de difícil lectura, nos volvemos de mártires a tiranos en un momento, cambiamos una cosa por otra con mucha facilidad, nos volvemos inestables y aunque esto podrá parecer bello para algunas personas, a mí me vuelve los días desagradables.

La naturaleza más allá del hombre tiene una forma de funcionar y hallar su camino contra cualquier dificultad, su cambio es tan armónico y paulatino que es casi imperceptible. El hombre, quizás por su vida relativamente corta tiende a cambiar de formas abruptas y violentas, crea cismas y caos donde no lo hay, destruye sin miramientos incapaz de ver un mundo mas allá de sus propios intereses. La mente poderosa e ingenua se engaña fácilmente, amando siempre los mundos que ella misma crea. Todo aquello fuera de su entender es una amenaza para su propia creación, cualquier cosa diferente es atacada justificándose en el peligro que existe de destruir lo que ha creado a voluntad. Suena como el Dios de los hombres ¿no?.

Cuando más joven descubrí un momento especial en el crepúsculo. Hay una pausa en el mundo cuando comienza la transición de la luz a las sombras. Los seres diurnos se cansan, entran en un aletargamiento curioso, con cierto sopor muy similar al que se siente al despertar, actividad que los seres nocturnos comienzan justo en ese momento. En aquellas horas pareciera que se camina entre sueños, la luz dispara los recuerdos y la nostalgia, hace sensibles a las personas, receptivas y temerosas de la oscuridad que inexorable se comienza a cernir sobre todo. Es bello sentir vulnerable al hombre, es aquel momento en que puede uno pensarlo como honesto, perfecto.

Cuanto mas nos esforzamos por no herirnos a nosotros mismos, más terminamos hiriendo a los demás. Cuando más dura y gruesa es nuestra coraza menos sensibles nos volvemos, más imperfectos, más temerosos, más dañinos.

Decir que odio algo envenena mi corazón y hace a mi alma sentir pesar, jamás me ha gustado el dolor ajeno genuino; no me refiero a aquel que muestra la gente que por todo se queja, sino al que vez en los ojos, sientes en la palabra, hueles en la transpiración sin necesidad que se exprese verbalmente.

Sin embargo he de confesar a mi pesar que hay un dejo de odio en mi corazón, este es hacia las personas que encuentran placer en dañar a los demás, es hacia quienes buscan sacar provecho de una relación consumiendo sin mesura lo que los demás gentilmente les ofrecen, dejando siempre desolación y carencias a su paso, tampoco soporto la falta de tiempo para contemplar y asimilar el mundo que nos rodea con calma, me provoca angustia lo vertiginoso que se mueve el mundo humano obligando a todos a correr más rápido cada vez, tras metas que rara vez son propias, por lo regular la carrera es hacia metas aprendidas que están lejos de hinchar el corazón propio de gozo.

Una vida perfecta debería estar libre de sufrimiento sentimental.

Los 34

Toda la vida soñé con estar “en mis 30”, recuerdo cuando niño haber sentido que mis opiniones no eran tomadas en cuenta, recuerdo un impulso ardiente en mi pecho por vivir bajo mis propios términos desde que tenía apenas 5 años.

Mes es casi imposible explicar la alegría que sentí cuando cumplí 30 años, en ese momento de la vida comprendí que era ya un “señor” de esos que cuando niño me inspiraban respeto con algo de temor, de esas personas a quienes solía escuchar y de quienes, en medida de lo posible quería aprender. Recuerdo acompañar a mi papá con sus amigos del taller de bicicletas, la imprenta, los mecánicos e incluso sus clientes y escuchar a todos hablar de temas que no comprendía, emplear palabras desconocidas e inspirar respeto a las personas de menor edad que nos encontrábamos en ese momento presentes. Por aquellos años la mayoría de personas adultas se vestían de forma algo diferente, por lo regular todo mundo tenía ropa semiformal, pantalones, camisas y zapatos de vestir, en ocasiones muy raras traían ropa casual, eso me agradaba.

Me di cuenta en los años que han seguido a mi cumpleaños 30 que poco a poco he ido creciendo en todos los sentidos, puedo mantenerme por mi mismo, gastar mi dinero en lo que me plazca, tener detalles con quienes quiero, ayudar a quienes han necesitado de mí en más de un sentido, me siento un hombre pleno y completo, tal como pensaba que sería cuando era niño. Con los años mi paciencia ha disminuido, cada vez tolero menos a las personas conflictivas, mal educadas o liosas, con el tiempo también he aprendido a extirparles de mi vida e incluso a dejar que por su propio pie salgan.

Desde siempre fui una persona sensible ante el dolor ajeno, porque curiosamente el dolor personal difícilmente me dobla, así que poco a poco trato de no lastimar a los demás y ser una mejor persona para mí y el mundo en general. No se si al morir (que espero sea dentro de muchos años) todos estos logros hayan valido de algo, pero al menos quiero creer que fui un agente de cambio en las personas que cruzaron por mi vida.

Hoy cumplo 34 años y no se me ocurre pensar en un mejor escenario que el que hay hoy, ya que comprendo que para estar hoy aquí, mucho se tuvo que perder. He ido construyendo sobre los cimientos muy fuertes que construyeron mis padres, mi familia y amigos durante toda la vida, más recientemente me encuentro labrando el día a día acompañado de un amor fuerte y recíproco que es tal cuál lo imaginé, porque si he de ser honesto, soy un hombre con suerte.

Gracias a la gente de mi vida, mi gente que me ha construido día a día a base de traiciones, engaños, llanto, risas, mentiras, confianza, odio, amor, comprensión, enojos miles, desesperanza, abrazos y mil cosas más, no habría logrado nada en este mundo de no ser por ustedes. Sigamos adelante y sigan cooperando para hacer de esta vida algo irrepetible.

Les amo.

 

Lo que se pierde y olvida

La otra noche me di cuenta que tenía un montón de CD´s “quemados” con una variedad importante de música.

En cada caso recordé el mood del momento en que los grabé o que alguien más lo hizo por mi para compartirme sus gustos musicales, o simplemente porque por esos años se estaban estrenando los quemadores de CD y todo mundo buscaba pretexto para grabarte algo y así dejar de manifiesto que tenían uno.

En todo caso el punto de este post surge porque me dispuse a copiar toda esa música a mi biblioteca de iTunes, al igual que mi biblioteca física, tengo muchas cosas que guardé porque “en algún momento las usaría” y era mejor tenerlas y no usarlas que necesitarlas y no tenerlas… NO ES VERDAD!! ese pensamiento hoy por hoy es muy basura, pensé, es mejor quedarse con lo que se usa y lo que no, habrá momento de volverlo a conseguir. A final de cuentas la costumbre me ganó y estuve copiando TODA la música a mi iTunes, sin embargo conforme las horas pasaron y el hastío se apoderaba de mi, me di cuenta que comencé a evitar ciertas carpetas de música, leía su nombre e ignoraba seleccionarlas para hacer su copia.

Las horas pasaron, se volvieron días y al cabo del tiempo caigo en cuenta de que mucha de esa música no está en Apple Music o Spotify, que según creo tienen el catálogo más amplio de música al día (2018). Después de haberme deshecho de esos discos estoy pensando que quizás jamás vuelva a conseguir esa música, tan mala como podría pensarse que es, al menos de mi parte ha sido condenada a perderse e incluso después de cierto tiempo, a olvidarse.

Me pregunto cuántas veces ha pasado algo así a TODAS las personas, que por impulso, o porque sus gustos cambian deciden deshacerse de música, la borran o simplemente jamás la escuchan y de pronto se encuentran tratando de recordar el nombre de alguna rola que ellos mismos eliminaron de sus archivos y que hoy por hoy ni siquiera Youtube tiene.

Está súper loco cómo la humanidad va dejando de lado aquello que momentáneamente no sirve y eventualmente conforme muere quien aún recuerda aquello eliminado, muchas ideas, invenciones, música, artefactos, personas e incluso registros de eventos terminan por ser olvidados.