El café de la noche.

Una conversación casual después de pasarse la tarde ingiriendo alcohol, mirando a los demás, hablando de ellos y andando por la vida sin otra preocupación que ocupar nuestro tiempo mientras aún podamos respirar.

Una noche lluviosa con dejos de melancolía enmarca la conversación, los amigos departiendo, las “nuevas parejas” conociéndose un poco más a fondo más allá de lo que se inventan en las redes sociales.

Las palabras de nuestro grupo fluyen con celeridad, evidentemente nadie está pensando en lo que dice, quizás sean los humos del alcohol que hacen mella en la falsa moral que todos aparentamos y que sirve como filtro a las palabras. Cada cual cuenta sus aventuras de adulto. Qué diferentes suenan todos de aquellos adolescentes que hablaban sobre caricaturas, proezas en los video juegos o sus intentos fallidos por conquistar una pareja cuando apenas si podían sacar una buena calificación en la escuela.

Años han pasado y henos aquí, bajo el cobijo de una multitud que apenas nos nota, escuchando la lluvia caer, hablando sin pensar pero revelando más de nuestras almas que todo lo que hayamos podido mostrar anteriormente. Añoro al igual que varios los tiempos más simples, donde no había bello en nuestras caras, donde las sonrisas abundaban y los ojos sin pesares mostraban esa ansia de comerse al mundo, cada uno según su propio apetito.

Después de todo el tiempo que llevamos conociéndonos, los cuatro seguimos mirándonos con los mismos ojos de amigos, a pesar de que todos hemos ya hecho vida con nuestra pareja o en el caso del mas joven, con parejas de a día. El café se va consumiendo al igual que los cigarrillos y sigo preguntándome si es que estoy muy chapado a la antigua respecto a los temas de pareja. He crecido pensando en que la camaradería y complicidad de una pareja no puede compartirse con nadie más, que ese vínculo es tan privado, tan bello que hemos decidido honrarlo estando juntos mientras podamos; sin embargo al escuchar hablar al resto del grupo me doy cuenta que no todos pensamos o sentimos así.

De pronto me encuentro taciturno en medio de un remolino de palabras sobre las preferencias y aventuras sexuales de quienes me acompañan. Hay tanto que escuchar en esas historias, tanto que sale a la luz sobre el alma de cada uno mientras cuentan con celeridad y algo de pasión todas sus aventuras, no se si están al tanto de que todo lo que dicen está empapado de educación, afecciones, sueños, esperanzas y desengaños; envuelto todo en historias sobre placeres o demostraciones de poder.

Entiendo que el amor no tiene un solo receptáculo en la vida, se ama casi todo en alguna magnitud, el amor por las personas es igual, puede ser depositado en más de una con los matices que implica la individualidad ajena. Hablamos de poligamia como de politeísmo mientras las colillas se acumulan en los ceniceros sobre la mesa, la lluvia parece volverse más copiosa conforme la conversación se torna candente, el desfile de individuos al rededor nuestro parece no tener fin, nos miran con preguntas en los ojos pues, las “buenas costumbres” dictarían que estos no son temas para tocar por cuatro adultos de voces fuertes en una cafetería familiar. No nos importa.

Se habla de que por naturaleza no podemos ser monógamos y una vez más mi formación da un salto dentro mío, como queriendo argumentar algo defendiendo el hecho de que no me es posible tener sexo con alguien por quien nada siento, mi educación también tira de la manga de mi camisa recordándome que cada uno tiene sus formas, a cada uno le funcionan cosas diferentes y que la moral, concepto anticuado, es un lastre que a mas de uno nos pesa, que es el pretexto perfecto para que los incapaces puedan evadir el abrazo de la selecciona natural y puedan competir en igualdad física con los más aptos.

La conversación está muy lejos de aquellas que tuve en mi juventud con intelectuales en mi ciudad natal, ambas las disfruto pues abren un abanico inmenso de conocimiento que cuestiona los cimientos de mi formación social, académica y personal, lo disfruto pero no me deja de doler la ruptura de las “viejas maneras”, pues me he esforzado por llenar expectativas ajenas desde que recuerdo, a veces me es imposible escapar de es costumbre, pero estoy tratando.

Los ojos de dos comienzan a desorbitarse, parece que el café ya no es suficiente para amainar los estragos del alcohol en nuestro misceláneo grupo. Uno por fin se va argumentando que tiene que estar en otro lado, siempre es así, pretende tener una agenda llena para ocultar su miedo al compromiso y necesidad de atención, sabemos que va donde le hagan lisonjas, donde le digan que su juventud no le ha abandonado, donde con suerte pueda tener una relación de una sola noche pues mañana al despertar en la soledad de su cama, reanudará la búsqueda de su pareja ideal… por una noche.

El segundo parte también, tiene una historia con las drogas y parece que la abstinencia le está alcanzando de nuevo, espero que llegue bien a casa porque conociéndole terminará acostado en una cama ajena probablemente en un estado inconveniente enmarcando el cuadro en su ansia de autodestrucción que jamás le ha abandonado desde que nos conocemos.

Nos quedamos dos, la conversación sin ellos es complicada pues aunque nos queremos  sabemos que somos polos opuestos, nos gustan cosas similares de cuando en cuando y esas son nuestro salva vidas cuando todo se pone raro. El tiempo pasa hasta el punto que la lluvia cesa dejándonos en el café a una pareja y a nosotros, los meseros nos miran mientras pedimos la cuenta, la pareja de junto hace lo mismo, nos sonreímos mutuamente mientras los ojos de ella nos miran curiosos, las barbas nos hacen parecer familiares y quizás la forma en que nos miramos engañe a más de uno.

Salimos con la pareja hablando de trivialidades, diciendo chascarrillos para hacer más ameno el rato, nos compartimos el Facebook para quedar con ellos la próxima vez pues les parecimos divertidos, yo me siento como animal de zoológico exhibiéndome porque no me queda de otra ante la mirada curiosa de las personas, mientras el con su clásica sonrisa les haces plática hasta que deciden irse.

Nos miramos largo rato porque así es como somos, un par de curiosos parados en el extremo del mundo viendo al otro lado, nos abrazamos y damos un beso porque eso hacemos, es lo más natural en nuestro círculo que se ha ido acortando debido a a susceptibilidad de los demás miembros. No nos importa.

Espero a que el auto venga por el porque eso es lo que hago, cuido a quienes quiero, se que en casa le espera su pareja probablemente solo para volver a salir más noche o armar una reunión más pequeña en su departamento con “amigos divertidos” a donde no estoy invitado porque como dije, estoy chapado a la antigua. Se que es feliz con esa vida y me alegra, al subir al auto se va mirándome como si no se quisiera ir y con la curiosidad de preguntarme más sobre mi vida, sabe que no le diría nada por mas que lo quiera porque mis batallas las gano o pierdo solo, soy ese enigma en el grupo que si bien no es desagradable, a veces es incómodo.

Esta noche decidí caminar mientras le veo marchar, acomodo mi boina, meto las manos en la chamarra, ajusto los anteojos y con paso pausado camino hasta el departamento, nadie me espera porque hace años que decidí que no deseaba preocupar a las personas, me voy pensando en cómo las formas se hacen viejas, en cómo todo se marchita con el paso del tiempo por más que nos empeñemos en cuidarlo, me voy extrañando a mis padres, a mis amigos e incluso a mi ex pareja que tanto quiero. Dudo que algún día pueda amar a alguien de la forma que le amé, pero ya no me preocupa porque en la vida he conocido un amor pleno, recíproco e intenso.

La noche cubre mis andar mientras el ruido de la calle ahoga mis pasos entre la multitud, llego a casa, me doy un baño caliente que me reanima, después en la intimidad de mi cuarto cubro mi desnudez con la vieja guitarra que mi madre me regalara y comienzo a rasguear la melodía que compuse anoche, una vez más quiero que el alba me arrulle y me haga dormir tranquilo, en paz.

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Crepúsculo

Ante mis ojos no hay medias tintas, todo es o no es, no hay forma de tener cosas a medias cuando yo mismo vivo todo a medias, al menos algo en mi vida debe ser definitivo más allá de la certeza de vida y muerte. Amo la intensidad con que las nuevas experiencias comienzan, amo la intensidad y dolor con que terminan, podría decirse que amo los finales porque de ellos emergen nuevos comienzos intensos, con esperanzas, con todo por descubrir.

Por la mañana rumbo al trabajo me descubrí mirando a la nada, un horizonte vacío con todo conocido, todo repetido, todo ya visto. Nada había ahí que iluminara mis ojos, que embriagara mis sentidos o que despejara mi mente. Por lo regular la luz del día ha sido mi motores para acompañando al sol hasta su muerte, sin embargo conforme me hago viejo esta fórmula deja de funcionar.

Día y noche son bellos porque son perfectos, inmaculados, delimitados e irrepetibles. No hay día o noche igual al anterior, eso los hace especiales.

Con el tiempo tengo una incomodidad creciente en el pecho, me he dado cuenta que no me gusta la imperfección del mundo humano, la mente nos lleva por tantos caminos con su gran poder que al final nos convertimos en seres erráticos, de difícil lectura, nos volvemos de mártires a tiranos en un momento, cambiamos una cosa por otra con mucha facilidad, nos volvemos inestables y aunque esto podrá parecer bello para algunas personas, a mí me vuelve los días desagradables.

La naturaleza más allá del hombre tiene una forma de funcionar y hallar su camino contra cualquier dificultad, su cambio es tan armónico y paulatino que es casi imperceptible. El hombre, quizás por su vida relativamente corta tiende a cambiar de formas abruptas y violentas, crea cismas y caos donde no lo hay, destruye sin miramientos incapaz de ver un mundo mas allá de sus propios intereses. La mente poderosa e ingenua se engaña fácilmente, amando siempre los mundos que ella misma crea. Todo aquello fuera de su entender es una amenaza para su propia creación, cualquier cosa diferente es atacada justificándose en el peligro que existe de destruir lo que ha creado a voluntad. Suena como el Dios de los hombres ¿no?.

Cuando más joven descubrí un momento especial en el crepúsculo. Hay una pausa en el mundo cuando comienza la transición de la luz a las sombras. Los seres diurnos se cansan, entran en un aletargamiento curioso, con cierto sopor muy similar al que se siente al despertar, actividad que los seres nocturnos comienzan justo en ese momento. En aquellas horas pareciera que se camina entre sueños, la luz dispara los recuerdos y la nostalgia, hace sensibles a las personas, receptivas y temerosas de la oscuridad que inexorable se comienza a cernir sobre todo. Es bello sentir vulnerable al hombre, es aquel momento en que puede uno pensarlo como honesto, perfecto.

Cuanto mas nos esforzamos por no herirnos a nosotros mismos, más terminamos hiriendo a los demás. Cuando más dura y gruesa es nuestra coraza menos sensibles nos volvemos, más imperfectos, más temerosos, más dañinos.

Decir que odio algo envenena mi corazón y hace a mi alma sentir pesar, jamás me ha gustado el dolor ajeno genuino; no me refiero a aquel que muestra la gente que por todo se queja, sino al que vez en los ojos, sientes en la palabra, hueles en la transpiración sin necesidad que se exprese verbalmente.

Sin embargo he de confesar a mi pesar que hay un dejo de odio en mi corazón, este es hacia las personas que encuentran placer en dañar a los demás, es hacia quienes buscan sacar provecho de una relación consumiendo sin mesura lo que los demás gentilmente les ofrecen, dejando siempre desolación y carencias a su paso, tampoco soporto la falta de tiempo para contemplar y asimilar el mundo que nos rodea con calma, me provoca angustia lo vertiginoso que se mueve el mundo humano obligando a todos a correr más rápido cada vez, tras metas que rara vez son propias, por lo regular la carrera es hacia metas aprendidas que están lejos de hinchar el corazón propio de gozo.

Una vida perfecta debería estar libre de sufrimiento sentimental.

Los 34

Toda la vida soñé con estar “en mis 30”, recuerdo cuando niño haber sentido que mis opiniones no eran tomadas en cuenta, recuerdo un impulso ardiente en mi pecho por vivir bajo mis propios términos desde que tenía apenas 5 años.

Mes es casi imposible explicar la alegría que sentí cuando cumplí 30 años, en ese momento de la vida comprendí que era ya un “señor” de esos que cuando niño me inspiraban respeto con algo de temor, de esas personas a quienes solía escuchar y de quienes, en medida de lo posible quería aprender. Recuerdo acompañar a mi papá con sus amigos del taller de bicicletas, la imprenta, los mecánicos e incluso sus clientes y escuchar a todos hablar de temas que no comprendía, emplear palabras desconocidas e inspirar respeto a las personas de menor edad que nos encontrábamos en ese momento presentes. Por aquellos años la mayoría de personas adultas se vestían de forma algo diferente, por lo regular todo mundo tenía ropa semiformal, pantalones, camisas y zapatos de vestir, en ocasiones muy raras traían ropa casual, eso me agradaba.

Me di cuenta en los años que han seguido a mi cumpleaños 30 que poco a poco he ido creciendo en todos los sentidos, puedo mantenerme por mi mismo, gastar mi dinero en lo que me plazca, tener detalles con quienes quiero, ayudar a quienes han necesitado de mí en más de un sentido, me siento un hombre pleno y completo, tal como pensaba que sería cuando era niño. Con los años mi paciencia ha disminuido, cada vez tolero menos a las personas conflictivas, mal educadas o liosas, con el tiempo también he aprendido a extirparles de mi vida e incluso a dejar que por su propio pie salgan.

Desde siempre fui una persona sensible ante el dolor ajeno, porque curiosamente el dolor personal difícilmente me dobla, así que poco a poco trato de no lastimar a los demás y ser una mejor persona para mí y el mundo en general. No se si al morir (que espero sea dentro de muchos años) todos estos logros hayan valido de algo, pero al menos quiero creer que fui un agente de cambio en las personas que cruzaron por mi vida.

Hoy cumplo 34 años y no se me ocurre pensar en un mejor escenario que el que hay hoy, ya que comprendo que para estar hoy aquí, mucho se tuvo que perder. He ido construyendo sobre los cimientos muy fuertes que construyeron mis padres, mi familia y amigos durante toda la vida, más recientemente me encuentro labrando el día a día acompañado de un amor fuerte y recíproco que es tal cuál lo imaginé, porque si he de ser honesto, soy un hombre con suerte.

Gracias a la gente de mi vida, mi gente que me ha construido día a día a base de traiciones, engaños, llanto, risas, mentiras, confianza, odio, amor, comprensión, enojos miles, desesperanza, abrazos y mil cosas más, no habría logrado nada en este mundo de no ser por ustedes. Sigamos adelante y sigan cooperando para hacer de esta vida algo irrepetible.

Les amo.

 

Lo que se pierde y olvida

La otra noche me di cuenta que tenía un montón de CD´s “quemados” con una variedad importante de música.

En cada caso recordé el mood del momento en que los grabé o que alguien más lo hizo por mi para compartirme sus gustos musicales, o simplemente porque por esos años se estaban estrenando los quemadores de CD y todo mundo buscaba pretexto para grabarte algo y así dejar de manifiesto que tenían uno.

En todo caso el punto de este post surge porque me dispuse a copiar toda esa música a mi biblioteca de iTunes, al igual que mi biblioteca física, tengo muchas cosas que guardé porque “en algún momento las usaría” y era mejor tenerlas y no usarlas que necesitarlas y no tenerlas… NO ES VERDAD!! ese pensamiento hoy por hoy es muy basura, pensé, es mejor quedarse con lo que se usa y lo que no, habrá momento de volverlo a conseguir. A final de cuentas la costumbre me ganó y estuve copiando TODA la música a mi iTunes, sin embargo conforme las horas pasaron y el hastío se apoderaba de mi, me di cuenta que comencé a evitar ciertas carpetas de música, leía su nombre e ignoraba seleccionarlas para hacer su copia.

Las horas pasaron, se volvieron días y al cabo del tiempo caigo en cuenta de que mucha de esa música no está en Apple Music o Spotify, que según creo tienen el catálogo más amplio de música al día (2018). Después de haberme deshecho de esos discos estoy pensando que quizás jamás vuelva a conseguir esa música, tan mala como podría pensarse que es, al menos de mi parte ha sido condenada a perderse e incluso después de cierto tiempo, a olvidarse.

Me pregunto cuántas veces ha pasado algo así a TODAS las personas, que por impulso, o porque sus gustos cambian deciden deshacerse de música, la borran o simplemente jamás la escuchan y de pronto se encuentran tratando de recordar el nombre de alguna rola que ellos mismos eliminaron de sus archivos y que hoy por hoy ni siquiera Youtube tiene.

Está súper loco cómo la humanidad va dejando de lado aquello que momentáneamente no sirve y eventualmente conforme muere quien aún recuerda aquello eliminado, muchas ideas, invenciones, música, artefactos, personas e incluso registros de eventos terminan por ser olvidados.

Palabras Caducas

Últimamente he estado pensando en cómo las palabras se deterioran y comienzan a perder efecto conforme las repetimos sin cesar, pienso en ellas como cuando a uno le gusta mucho una comida, dice que la puede comer toda la vida sin hartarse por el simple hecho de que le provoca placer…

Eso pasa la primera vez, quizás al repetir aquella comida por más de 500 veces comience uno a pensar si hay una diferente que pueda provocarnos lo mismo, no por eso nos deja de gustar, cuando llegamos a 1000 veces ingiriendo la misma comida nos damos cuenta que aunque no dejamos de tener gusto por ella, ahora se siente vacía, no nos deja una sonrisa en la boca después de comerla… Solo una mera satisfacción estomacal.

Las palabras tienen el mismo poder que la comida, hay algunas que nos inundan el pecho cada que las pronunciamos aunque sea mentalmente, nos hacen sonreír o provocan que se nos escape un suspiro, en le peor de los casos nos infligen un dolor placentero, sin embargo conforme más las decimos comienzan a perder vida, si pudiéramos verlas diría que sus colores comienzan a opacarse hasta llegar a un gris aburrido, comienzan a volverse una más del montón de palabras que usamos para comunicarnos día a día y que sin recordarlo, en una etapa temprana de nuestra vida todas estas estaban llenas de color.

Cuando el momento “gris” de la palabra llega, podemos decir entonces que ha caducado, a menos que busquemos otra que le reemplace en lo que recobra un poco de su antiguo color, de otra forma está destinada a la monotonía cotidiana de la cual todo aquello que se vuelve habitual está impregnado.

 

El hospi

Me abruma pensar que mi vida este tan ligada a ese logotipo verde que simula a una madre cargando a su hijo o bien unas manos juntas. Desde pequeño he sido una persona sensible en grado sumo, muy perceptible de la “vibra” de lugares y personas, gracias a eso mis primeros recuerdos de la clínica a donde iban mis papás y donde dese pequeño asistí han sido muy vividos.

Recuerdo los aromas, la sensación de estar rodeado de enfermedad por llamarlo de algún modo, el desconsuelo de tantas personas mezclado con el fiuf de otras tantas, los viejos, jóvenes, niños, embarazadas y el personal mismo irradia energía que no es precisamente positiva, entre los dolores, preocupaciones, hastío y miedo, ese caldo de emociones parece drenar la felicidad cuando es percibido, es como sinal entrar un dementor gigantesco abriera la boca esperando besar a más de uno.

Hoy son las 6:15 de la mañana y vuelvo a llegar, aún con el cielo obscuro a las puertas del hospital, solo es un examen de rutina pero revive en mi viejos fantasmas que me acechan día a día, la enfermedad de mis padres, las múltiples operaciones y decesos de mis tíos, el olor a orina de diabético mezclado con cloro e isodine, las personas con cara de cansancio sucumbiendo a sus pensamientos en la sala de espera, los policías con el frío que provoca más de una noche sin dormir, el personal tratando de dar su mejor cara mientras lidian con sus propios problemas, su hastío e incluso su indiferencia ante el dolor que día a día presencian de primera mano, puede verse incluso un cementerio de esperanzas en sus ojos que han debido presenciar múltiples muertes, las cuales dejaron visibles marcas en su alma.

Estoy sentado escribiendo esto mientras las personas que me rodean, en su mayoría gente mayor, me observan absorto en el teléfono, todos tratan de hacerse amigos, supongo que para distraerse del miedo que provoca el simple hecho de estar aquí, se que pueden percibir lo mismo que yo pues no creo ser el único en la sala de espera que ha tenido experiencias cercanas con la muerte. Quiero creer que es solo cansancio lo que veo en sus ojos, pero todos tienen la misma cara que hace un niño cuando le explicas que tiene una infección estomacal… sabe que está enfermo, que puede morir pero al no entender cuál es la razón, solo ponen cara de cachorros regañados, esperando que su madre salga de la nada a darles un abrazo y decir que todo estará bien, que se levanten y le acompañen… yo también lo deseo.

Hospital nuevo, gente extraña, los mismos problemas una y otra vez. Al parecer no necesito soñar para visitar el purgatorio donde los pecados de la carne y el abuso en general es expiado, algunos que se arrepienten y redimen tienen la oportunidad de continuar con la vida, menos fabulosa, con pesar pero aún con el placer de observar el amanecer, otros que han agotado sus oportunidades o a quienes les son negadas por algún motivo, jamás saldrán en pie pues han llegado al punto sin retorno, al portal donde caminan hacia la otra vida y jamás regresan. El muro de los lamentos erigido por el hombre, el hospital…

– El Sercho – 

Geeks Orgullosos

Después de pensarlo un poco desde que se me ocurrió escribir este post, pensé que sería mejor opción escribirlo en este blog que en el “popular”, al final en ambos escribo mi opinión pero en este es más sencillo ser políticamente incorrecto o incluso resultar agresivo sin que nadie ni nada se vea demasiado afectado jah!, bien aquí voy.

Geeks Orgullosos.

A ya unas semanas de haber pasado la marcha del orgullo gay y todo el “mes del orgullo” me quedé con la espinita clavada como cada año de lo que ha implicado en mi vida esa palabra: – ORGULLO – , jamás ha sido algo bueno, dándole la razón al reverendo Alegría cuando dijo: – El orgullo lleva a la destrucción – citando a la Biblia.

He visto con mis propios ojos a personas orgullosas perder todo y a todos a su alrededor, por lo regular andar por la vida con el pecho salido ostentando cosas, sintiéndose orgulloso termina por aislarnos incluso perteneciendo a un grupo de gente con esa misma facha y ese mismo orgullo.

Hace poco estaba en cierto lugar que ostenta ser geek friendly (ostentar cosas para un negocio lo pone por encima de muchos, quizás para lo inanimado funciona) donde efectivamente, estábamos reunidos más de dos docenas de gente con gustos similares que por lo regular en el mundo exterior tachan como ñoños, frikis, raros, etc. compartiendo nuestro gusto por los juegos de tarjetas, de pronto dentro de lo cordial que puede ser un lugar así, uno de los presentes se burló de un camarada diciendo que sus ideas y estrategias de juego eran raras… ¿soy el único que vio lo absurdo de decirle raro a alguien igual de raro que tú?, en fin… el chido objeto de la burla no se sintió mal por ello, sin embargo el burlón siguió molestando bajo la óptica de: – no puedes decir nada porque soy mejor jugador que tú – , orgulloso de sus logros, ostentándolos sin reparo.

Nadie se inmutó ante sus ofensas, pues entre los asistentes había grandes jugadores, gente que ha participado y vencido en contiendas importantes, no como él que solo ganó un par y se siente orgulloso de ello, se convirtió de pronto de marginado a marginador, juntó a sus amigos dentro del establecimiento y se fueron cual secuaces que siguen al líder de la mafia. Este evento me dejó pensando en lo patético de ese tipo de geeks, que según mi experiencia podemos encontrar casi en cualquier lado. Son personas marginadas que tan pronto encuentran un nicho cómodo se encargan de marginar a quienes son diferentes a ellos, es ridículo.

Ser incapaces de ver más allá de nuestra zona de confort debería ser catalogado como una discapacidad que requeriría tratamiento y ayuda profesionales. No ser capaces de darnos cuenta que más allá de donde nuestra visión abarca hay un mundo inmenso, casi infinito es una pérdida de tiempo, por el contrario caer en cuenta de ello, debería hacer que no fuéramos capaces de sentir orgullo más allá de una mera satisfacción, por ende debería hacernos capaces de no sentir envidia alguna por quien logra algo, más bien sentir inspiración de ver el triunfo ajeno y pensar: -también puedo hacerlo- porque lo cierto es que todos tenemos casi las mismas capacidades que con trabajo, es posible mejorar hasta cierto punto.

Puse este título porque ha sido la experiencia más reciente que he tenido, sin embargo se aplica a muchos sectores más, el inútil orgullo eventualmente va a acabar con la humanidad pues es eso mismo lo que provoca las competencias, es justo eso lo que provoca que se quieran demostrar cosas, que se quiera tener la atención de los demás a cualquier costo, es esa ansia de figurar y ostentar lo que llena las redes sociales últimamente y lo que nos entrega experiencias cada vez menos enriquecedoras pero sí más vistosas.

El exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás ha de ser el ocaso del hombre. He dicho.

El Sercho.