HOY EN EL DF – 4 – Cosas de barbas

No es mi cuarto día en ésta movida y desconcertante ciudad pero si la 4a vez que encuentro el tiempo de escribir. ayer anduve en casa, sentirse fuera de la fuerza productiva en una ciudad con tal movimiento es frustrante a lo cual no queda mas que aplicarle paciencia esperando que pronto deje de ser de ésta forma. Caminé hablando por el “manos libres” con un querido amigo, su dolor me duele, me atañe por que le aprecio y me preocupa porque no me parece justo que las personas sufran, no importa el motivo, no “debiera ser así”.

Observé mucho viendo poco, las personas que olvidan su apariencia física para dejar que su actitud sea la mejor carta de presentación, lo logran, como dicen “cuando el corazón está lleno, hacen que la tierra tiemble”, recordándome cuando Seiya viste por primera vez su armadura de Pegaso (Saint Seiya, La guerra galáctica episodio1.). Es que es verdad, cuando tomamos algo nuevo somos la persona mas poderosa del mundo, hacemos todo, incluso cosas que bajo otras condiciones no haríamos, sin embargo aquí me he topado con la agradable sorpresa de que hay personas que lo hacen porque “hay que hacerlo” entonces nunca dejan de ser buenos en lo que hacen pues se vuelve una costumbre, una de esas “buenas costumbres”, y me gusta.

Vi un pequeño restaurant argentino que se me antoja, esos ñoquis quieren ser devorados por mí de eso no me cabe la menor duda, el día transcurrió de forma alocada pues hubo altibajos emocionales que no estaban previstos, me encontré con un corazón inseguro y atribulado, nublado por un presente incierto, por las personas desconocidas de intensiones ocultas, por la propia inestabilidad. El transporte público me mostró un grupo de personas que hablan sin pronunciar una palabra, que dicen todo con movimientos, gestos y miradas, ni una palabra y aún así mucho que entender.

Ensimismados los contemporáneos en un mundo de música y podcast caminamos por la calle dándonos cuenta de todo pero sin querernos añadir a nada, somos parte del paisaje como los árboles son, o las banquetas, la única diferencia es que nosotros no nos quedamos en ése lugar, nos miramos unos a otros adivinando todo lo que la ropa, movimientos, gestos y gadget nos indica, entonces creemos saber todo o al menos una parte del otro, su estrato económico, gustos musicales, orientación y rol sexual, edad, hobby etc. es divertido “ese jueguito” pero nada cálido, no siento que a la fecha se preste para socializar aunque pudiese ser una potencial herramienta para hacerlo.

Ser melancólico en un atardecer por calles con árboles resulta bastante simpático, te sume mas en tus pensamientos tarde o temprano dándote la oportunidad de dilucidar que es lo que necesitas, en mi caso entendí que para dar paso a las cosas “buenas” que están por venir necesito hacer espacio y cambios importantes en mi vida, lo hice, comencé una nueva aventura con personas importantes, di un salto, vacié para comenzar a llenar, ahora es momento de ayunar, meditar y esperar cual samana a que aquello que he sembrado dé frutos, hoy en el D.F uso barba, un tanto descuidada por que  así me gusta, siendo ésta un carácter sexual secundario no le pongo tanta atención.

Tener barba (cosa muy común por éstos lares) me hace pensar en que es una forma de llevar consigo algo, en mi caso pongo encima de ella mis problemas, gustos, alegrías y tristezas, ésas cosas que no fácilmente se borran u olvidan, pongo todo de mí en ella pues aún cuando la corte sigue estando presente o en espera de mostrarse, me gusta llevar sobre mi rostro mis acciones pues no me apeno de ellas, darle forma es como moldear lo que aparento, no por ello desaparece lo que significa, solo se ve diferente, muta pero en esencia es lo mismo un cúmulo, no mas, no menos. Bajo ésa tónica cada barba me intriga, me hace pensar que es lo que significa para quien la porta, supongo que para muchos no hay elección, como tampoco hay elección de darle un significado, que solo está ahí por estar sin embargo para quienes es también un reflejo del interior me pregunto, ¿qué es lo que hay ahí? desearía verlo, palparlo, experimentarlo, conocerlo, hoy en el D.F. la vida transcurre mas lento que la primera vez que lo pisé pues creo que me estoy acostumbrando al ritmo a la par que me doy tiempo de observar lo que a mis ojos es, lo demás, son cosas de barbas…

 

 

El Sercho

 

 

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