Abriendo los ojos (hoy en el D.F. 6)

… despertar, nada extraordinario al ojo común, caminar largos trechos, despertar un día con placer y al siguiente con dudas, andar seguro por las calles, estar parado inseguro en una esquina esperando sabe dios que, sonreir, ser educado, respetar, ver un dedo de una señora que se levanta haciendote una seña obscena a cambio… eso es todos los días.

Crecimiento, experiencia, acrisolamiento, llamentle como quieran pero el nombre prohibido es sencillo. Día con día veo cosas que me son nuevas, no todas buenas, he conocido gente en verdad agradable e incluso “admirable”, sin embargo estas travesías me parecen infinitas pues diario me topo con personas como las cuales no quisiera verme, escucharme o leerme, con las cuales desearía no tener que cruzar jamás por su camino. Soy un hombre hecho a base de heroes, ¿cómo es esto?, simple, a lo largo de mi infancia viví rodeado de personas que no tenían empacho en admirar a ciertos personajes, unos de ficción, otros tan reales como yo, ví normas de conducta, comportamientos extraordinarios los cuales provocaban exclamaciones de admiración haciendo que el pecho se hinchara de contar aquellas proezas, aún mas de mencionar a aquellos que las lograron… Así pues transcurrió la etapa temprana, siempre observando hacia el mejor, aprendiendo de él, idealizando cada vez mas, aprendiendo, siendo mejor hasta que conocí lo humano de aquellos ídolos, los errores, las fallas, el precio de ser mejor que el común.

Lleno siempre de pre-juicios e ideas me convertí en un adulto que gracias a su relación de pareja aprendió a “esperar de la gente”, ahora soy una persona que espera, que elabora juicios y que dificilmente los equivoca, ésto se ha convertido en una barrera causante de sufrimiento en mi vida pues conciente o inconscientemente busco aún un héroe al cuál parecerme, ésa figura que sea recta e incorruptible ante las seducciones mas dulces de la vida y del hombre. No hay tal, no existe.

Me doy cuenta que soy un tanto antisocial, soy de esos a los que no molesta en nada estar solo, de los que podrían pasar la vida sin engancharse a nada y que sin embargo eso no opacaría el brillo en sus ojos, por el contrario le daría fulgor nuevo a cada día, porque ése soy yo, un hombre felíz que encuentra regocijo en la novedad y pesar en lo estático. Hoy en el D.F. abrí los ojos, me he dado cuenta de que las personas son muy diversas, lo noto porque aquí hay muchos, suficientes para hacerme tardar mas de una hora en recorrer una distancia realmente ridicula, todos caminan alienados, pocos sonríen, pocos abren sus círculos a los desconocidos mas aún tratandose se subculturas, de las cuales hay muchas y a las cuales a veces dan ganas de no pertenecer, tantos requisitos, tanto hacer lo que se quejaban que les hacían me provoca sentimientos encontrados.

Diferencias, contradicciones, ésta ciudad es un caldo no tan sabroso de todo lo que se hayan imaginado, miedo y felicidad se conjugan en las calles, en los andenes del tren se respira pesar con sueños de grandeza, las personas que duermen mucho junto a noctámbulos que búscan en la noche los resquicios del amor, o que tienen el corazón hinchado de llenar con alcohol los vacíos que “Dios sabe por qué” que andan cargando. Su eterna sinfonía de corazones que laten cada uno para su propio regocijo en medio de miles mas hacen toda una experiencia estar en ésta ciudad, plagada de contrastes es el momento en que aún me asusta, le siento mas grande de lo que esperaba, poca tierra, muchos mundos…. todo por hacer y quizás mucho por cambiar…

 

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