Sobre los viejitos del metro y el conejo (hoy en el D.F. 8)

Una mirada dulce sin luz, una recíproca con apenas un esbozo de lo que fue su magnificencia, ambas miradas llenas de ternura, compromiso, amor…

No podría dejar de relatar éste suceso, hoy mientras viajaba en el tren de regreso a casa, después de un día cansado pero productivo, escuchando tonterías de hombres tanto o más cansados que yo, en medio de toda ésa gente apareció a mi espalda una pareja de edad avanzada calculo unos 65 o 70 años a cada uno, ambos llevaban consigo un bastón para invidentes el cuál utilizaban para abrirse paso entre la multitud a su vez que tanteaban el suelo por aquello de los bordes traicioneros, platicaban como su fuesen los mejores amigos, ella con los ojos totalmente cerrados y un par de anteojos de “fondo de botella” enmarcándolos, él con los ojos parcialmente abiertos enmarcados con unos anteojos bastante gruesos, hablaban como novios de secundaria de esos que dicen cosas cotidianas pero que en la voz les adivinas la emoción de compartir ese  momento con una persona especial.

Cuando el vagón arribó subieron detrás mío (les serví un poco de ariete) avanzaron sin temor entre personas que como yo les sobrepasan en altura por mucho, con manos firmes él guió sus pasos hasta el pasamanos donde ella se aferró confiada, en la siguiente estación los pasajeros bajaban, ella encontró lugar para sentarse y lo hizo, el por su parte se colocó enfrente con decisión y fuerza admirable, todos pasaban a su lado sin verles pues somos tantos que pocas personas toman el tiempo de admirar las historias que ocurren a su alrededor, la plática entre ambos continuó incesante con palabras cálidas mientras él la miraba con una dulzura inmensa a la cuál le siguió sacar de la mochila tortitas de papa las cuales se compartieron y consumieron sin el menor empacho enfrente de la multitud que viajábamos a su lado, el mudo era de ellos, lo es.

No sé aún cuál es el secreto de “el amor” , ¿cómo es que se llega a ésa edad cuidando con tanto gusto el uno del otro?, esa complicidad, porque no decirlo la picardía de enamorarse con cosas tan simples como compartir un alimento y es que son ésos detalles los que hacen que un día valga la pena, una palabra o incluso un gesto pueden hacer de un día el mejor o peor de la vida de cualquier persona, a éste par de ancianitos les amé, amé la historia que se escribió en mi cabeza movida por sus gestos simples, dulces y amorosos, no soy de aquellos que endulzan sus escritos pero creo que éste vale la pena cubrirlo con una gruesa capa de miel para que sea hermoso como aquellos ojos que permanecieron cerrados pero que otorgan a su dueña una faz imperturbable y feliz.

Debo admitir que hay momentos en que ésta ciudad me hace sentir como un conejito asustado, con el ritmo cardiaco a todo lo que da pues no sé cómo reaccionar a las formas de los demás, últimamente solo el instinto es lo que me saca adelante pues no puedo anticipar algo que no conozco, sin embargo debo admitir que el encanto más grande no son los edificios, los comercios o las empresas, sino las historias que su gente cuenta sin usar palabras.

SERCH

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s