28 – de promesas sin cumplir al ave que canta para mí

No ha pasado tanto tiempo como para considerar que he vivido demasiado, parece que fué ayer cuando dormía en mi litera hasta las 9 de la mañana despertando con la luz de la mañana en mi cara, el sonido de mi madre atareada como siempre y un extraño sentimiento de culpa que solo se aminoraba con la belleza del recuerdo  de mi mundo onírico recién abandonado, tenía unos 8 años entonces y cursaba el cuarto grado de la primaria en una de esas populares escuelas federales que hay casi en cada colonia. Recuerdo fielmente cuan feliz fui en mi niñez, acompañando a mi mamá como amigos de aventuras al mercado, a los cuentos que solía inventarme sentados en la cama cuando no tenía sueño, o bien a mundos inimaginables para las personas comunes que pocos hemos tenido la dicha de explorar, siempre tras ella, siempre con el alma más grande que mi propio ser, con la fuerza inquebrantable que solo los pequeños conocen pues para ellos no hay limitantes, siempre de la mano… siempre.

Desde entonces me hice la promesa de crecer rápido, no quería verla padecer las calamidades que se solían posar sobre ella cuales sombras tenebrosas, eso pensé y eso hice, dejé atrás rápidamente las actitudes infantiles para convertirme en un pequeño adulto, de esos que hace tarea de más, que tratan de refinar su comportamiento para poder parecer mayores a lo que son, estudié como loco e incluso aprendí a escuchar a los demás para aprender de sus experiencias sin tener necesidad de vivirlas, todo esto sin que nadie lo advirtiera y muy a costa de ser el “raro” de los lugares donde me hallaba pues la mayoría de niños y jóvenes se portan de forma irresponsable sin medir las consecuencias, creo que ese es el encanto de ser “chavo”.

Un día me desperté mirando a un techo desconocido, poco familiar, contemplé la figura a mi lado que no era alguien desconocido para mí, por el contrario es esa persona de la que tanto he aprendido y a quien tanto he amado, mire hacia el frente para contemplar un cuadro que le pinté hace unos 3 años en su onomástico, mire a las dos figuras que le componen, mi mirada se empaño por lágrimas que no supe como contener pues esos gestos llenos de esperanza me recuerdan lo mucho que hemos peleado por estar juntos, nos enfrentamos a amigos, familia, compañeros de trabajo e incluso a nosotros mismos… Cosa que ha valido TODA la pena. Al despertar no había litera ni cobijas afelpadas, no hubo mamá presurosa, no hubo más que un cuerpo de adulto que se extendía por debajo de mis ojos, un hombre grande, fuerte, feliz pero con poca consciencia del tiempo que había transcurrido hacia ese día, me levanté, fui al espejo del baño y contemplé una barba creciendo un tanto insipiente en mi mentón, mis ojos con la vista nublada que reflejan un hombre lleno de sueños pero cansado de esperar, una faz pacífica pero con un fuego que pugna por salir desde lo más hondo a arrasar todo a su paso, sin embargo como en todos los histolios* vino un ave a posarse lejos de mi vista pero con su canto cerca de mi corazón.

Cuando niño las tardes se me hacían melancólicas, los tonos ocres, el calor y mamá visitando a “las tías” me hacían sentir profundamente solitario aunque fueran solo unos minutos, muchas veces lloré por estar a las 5 de la tarde solo en casa contemplando como los muebles se teñían de amarillo y las sombras que éstos proyectaban crecían sin que nada pasara por mi vida, me sentía abandonado pues no tenía compañero de juegos lo suficientemente capaz como para llenarme o inyectarme felicidad, todos siempre fueron poco para lo que necesité, y es que ¿cómo no serlo? si mi exigencia por crecer antes hacía que mis necesidades fueran otras, no las que un(a) “joven” promedio podría darme…  desde entonces aprendí  a caminar solo, sin necesitar alguien que llenara mis expectativas pues sabía de sobra que nadie lo haría, – “es muy maduro para su edad” – decían… y siguieron diciéndolo hasta hoy que me he dado cuenta que son 28 los años que pesan sobre mi espalda y corazón, que siento que está lejos de mis brazos esa mano que siempre acompañé y guardé celosamente, le extraño como a nada o nadie porque debo todo lo que soy a su fuerza inquebrantable, a su estoico porte, a su eterna libertad.

El ave que canta para mí por las mañanas me recuerda a ella, viene y me saluda preguntándome ¿como estoy?, sabe que desde lo más hondo de mi alma le contesto con una sonrisa que no siempre es por mi ánimo, sabe que jamás le diré que estoy mal porque soy un hombre… y los hombres no mostramos penas, menos cuando amamos a alguien pues deseamos que todo  para esa persona sea felicidad no importa cuán duro sea el camino para nosotros, por amor es que el ave canta, por amor es que las tardes son ocres, por amor es que sigo peleando contra lo que sea y sé muy bien que por amor también he de morir.

En un suelo que no siento extraño pues pertenezco a donde esté hago una pausa en mi vida para valorar todas aquellas cosas que no he hecho pues me prometí cuando niño que tendría éxito en la forma que yo lo deseara, al día de hoy me doy cuenta que no cumplí con mi promesa pues he abrazado el concepto de éxito de los demás olvidando el propio, olvidé que esa palabra para mí va más allá de la ropa que use, el auto que maneje o los lugares que visite para consumir y derrochar dinero… recordé que la felicidad real y mi mayor éxito es ser feliz con los míos, disfrutar de la risa de los pequeños, tomarlos de la mano, enseñarlos a vivir como en algún tiempo hicieron conmigo. No es que quiera vivir como un viejo a esta edad, pero creo que mi formación e incluso mi propósito en la vida va más allá de los placeres personales los cuáles son tan efímeros como el humo del tabaco, nos ahogan, nos consumen y sin darnos cuenta nos envuelven hasta dejarnos cansados sin más por qué vivir que el placer en sí mismo, pues es de sobra sabido que cuando no se tienen y se tuvieron antes, el sentido de la vida se pierde, nos quedamos sin ser capaces de contemplar lo maravilloso del cotidiano vivir.

Hay una luz que entra por el domo de mi casa, se refleja en todos lados, es cálida y feliz como yo ahora que escribo para mí recordando que éste mi nuevo lugar siempre es mejor en compañía de mi amor, le llevo conmigo, le extraño. Hoy que he crecido mis manos pueden alcanzar todo aquello que siempre desee, la libertad de ser.

… Es tiempo de andar…

* Histolios: Así les decía  a las historias cuando apenas aprendía a hablar.

El Sercho

 

Anuncios

1 comentario

  1. Carnal, muy bueno lo que escribiste, has compartido con el mundo una parte de ti, un pedazo de tu escencia se asoma en cada palabra con la cual me llegue a sentir de cierta manera identificado, en mi corta existencia he logrado comprender una sola cosa, el exito es personal, un concepto que es tan subjetivo como el arte mismo, y solo te puedo compartir mi definicion de exito, crear para mi es el exito maximo que puede experimentar cualquiera, crear lo que sea, un escrito como el que esta aqui, aquel cuadro que pintaste, crear una relacion estable como la que tienes, crear historias, el hombre es un creador nato, si las antiguas escrituras biblicas se tomasen al pie de la letra, el hombre entonces es un dios creador al ser concebido a imagen y semejanza del creador, crear lo es todo, saludos carnal y sigue creando

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s