SAL DE LLUVIA.

Una mirada fija en el horizonte, un corazón compungido que es incapaz de sanar, las penas se agolpan como caballos intentando salir por un estrecho pasaje, la cabeza duele e inflama la mente, se niega a aceptar la realidad. Uno a uno los pilares de una edificación gigante en insulsa comienzan a derrumbarse, de pronto el cielo se oscurece y comienza a caer. Envuelto en millones de perlas un cuerpo desnudo sumido en sus pensamientos no es capaz de ver más allá.

El destino multiforme se cierne como una pesada sombra sobre todo lo que una vez fue claro y feliz; el cuerpo, ahora sin alma, clama por un consuelo que no parece llegar, las personas como las perlas de lluvia se le acercan, le miran, le aman, pero no le entienden, un calor inimaginable con textura gelatinosa le envuelve dejando centímetro a centímetro de piel un ardor inimaginable, le queman, le matan y aún así permanece impávido ante los horrores que le suceden, el día con su calma y el calor de su astro no son ya suficientes para distraerle, la noche y sus estrellas no son capaces de sacarle una sonrisa.

El cuerpo se dice dios porque no se mueve ante nada, porque se hace su voluntad, sin embargo ¿qué es un a voluntad sin alma?, o ¿es acaso el destino solo una proyección de los deseos de un dios sin alma?. La lluvia cae sobre un cuerpo desnudo que impávido mira al horizonte con ojos hermosos, vacíos. Los eventos suceden bajo su mirada que está en todos lados, es omnisciente, omnipresente, en aquel paraje lejano lo único que queda de vida reposa sobre un cuerpo vacío, muerto.

Hay agua fuera de un cuerpo seco, hay sal en cada perla que le baña pero no puede probarla, es dentro donde necesita todo lo que le rodea, pues el vacío le ha invadido, la luz y la sombra formando una melodía de altos contrastes, aparecen y se desvanecen rítmicas ante la imitación de un mundo real, que es demasiado ilusorio. Sabemos que no es verdad porque la verdad es absoluta, y en esta dimensión unilateral, solo existe el dolor.

Las lagrimas una vez emanadas del cuerpo en vida, hoy sólo son la lluvia que diluvia sin cesar, saldas por cada pena que le ha acontecido desde que supo que el mundo real no es verdadero, que lo absoluto se encuentra más allá de donde el horizonte rompe el paisaje, pero a la vez está tan cerca como las pestañas de su ojo, antes con vida.

Parajes hermosos por fuera y un frío glacial por dentro, cubre todo de hielo, engendra demonios que se alimentan de la vacuidad del cuerpo, que inerte, no hace más que mirar al horizonte, y dejar caer sobre sí perlas saladas de lluvia, una vez emanadas de un cuerpo vivo, el suyo.

Serch,
1 de enero 2014

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1 comentario

  1. La peligrosa nada Che, o la caída de la gracia que describían en Soldados de Dios. La conozco un poquito y sé que no es eterna. Sin embargo es terrible, y a veces se necesita la voz de alguien fuera de ella para devolverte al mundo con color y sonido. Acá te espero carnal, en el eterno presente de tus cinco a ocho años y mis cinco a dieciocho. Cuando nuestros dos cimientos más grandes eran aún jóvenes y nos enseñaban a volar en persona, para que lo lográramos después sin ellos.

    Recibe un abrazo. Ese abrazo que habla tanto cada vez que coincidimos en espacio y tiempo.

    Hasta siempre Joyce, hasta siempre Jimbo

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