El café de la noche.

Una conversación casual después de pasarse la tarde ingiriendo alcohol, mirando a los demás, hablando de ellos y andando por la vida sin otra preocupación que ocupar nuestro tiempo mientras aún podamos respirar.

Una noche lluviosa con dejos de melancolía enmarca la conversación, los amigos departiendo, las “nuevas parejas” conociéndose un poco más a fondo más allá de lo que se inventan en las redes sociales.

Las palabras de nuestro grupo fluyen con celeridad, evidentemente nadie está pensando en lo que dice, quizás sean los humos del alcohol que hacen mella en la falsa moral que todos aparentamos y que sirve como filtro a las palabras. Cada cual cuenta sus aventuras de adulto. Qué diferentes suenan todos de aquellos adolescentes que hablaban sobre caricaturas, proezas en los video juegos o sus intentos fallidos por conquistar una pareja cuando apenas si podían sacar una buena calificación en la escuela.

Años han pasado y henos aquí, bajo el cobijo de una multitud que apenas nos nota, escuchando la lluvia caer, hablando sin pensar pero revelando más de nuestras almas que todo lo que hayamos podido mostrar anteriormente. Añoro al igual que varios los tiempos más simples, donde no había bello en nuestras caras, donde las sonrisas abundaban y los ojos sin pesares mostraban esa ansia de comerse al mundo, cada uno según su propio apetito.

Después de todo el tiempo que llevamos conociéndonos, los cuatro seguimos mirándonos con los mismos ojos de amigos, a pesar de que todos hemos ya hecho vida con nuestra pareja o en el caso del mas joven, con parejas de a día. El café se va consumiendo al igual que los cigarrillos y sigo preguntándome si es que estoy muy chapado a la antigua respecto a los temas de pareja. He crecido pensando en que la camaradería y complicidad de una pareja no puede compartirse con nadie más, que ese vínculo es tan privado, tan bello que hemos decidido honrarlo estando juntos mientras podamos; sin embargo al escuchar hablar al resto del grupo me doy cuenta que no todos pensamos o sentimos así.

De pronto me encuentro taciturno en medio de un remolino de palabras sobre las preferencias y aventuras sexuales de quienes me acompañan. Hay tanto que escuchar en esas historias, tanto que sale a la luz sobre el alma de cada uno mientras cuentan con celeridad y algo de pasión todas sus aventuras, no se si están al tanto de que todo lo que dicen está empapado de educación, afecciones, sueños, esperanzas y desengaños; envuelto todo en historias sobre placeres o demostraciones de poder.

Entiendo que el amor no tiene un solo receptáculo en la vida, se ama casi todo en alguna magnitud, el amor por las personas es igual, puede ser depositado en más de una con los matices que implica la individualidad ajena. Hablamos de poligamia como de politeísmo mientras las colillas se acumulan en los ceniceros sobre la mesa, la lluvia parece volverse más copiosa conforme la conversación se torna candente, el desfile de individuos al rededor nuestro parece no tener fin, nos miran con preguntas en los ojos pues, las “buenas costumbres” dictarían que estos no son temas para tocar por cuatro adultos de voces fuertes en una cafetería familiar. No nos importa.

Se habla de que por naturaleza no podemos ser monógamos y una vez más mi formación da un salto dentro mío, como queriendo argumentar algo defendiendo el hecho de que no me es posible tener sexo con alguien por quien nada siento, mi educación también tira de la manga de mi camisa recordándome que cada uno tiene sus formas, a cada uno le funcionan cosas diferentes y que la moral, concepto anticuado, es un lastre que a mas de uno nos pesa, que es el pretexto perfecto para que los incapaces puedan evadir el abrazo de la selecciona natural y puedan competir en igualdad física con los más aptos.

La conversación está muy lejos de aquellas que tuve en mi juventud con intelectuales en mi ciudad natal, ambas las disfruto pues abren un abanico inmenso de conocimiento que cuestiona los cimientos de mi formación social, académica y personal, lo disfruto pero no me deja de doler la ruptura de las “viejas maneras”, pues me he esforzado por llenar expectativas ajenas desde que recuerdo, a veces me es imposible escapar de es costumbre, pero estoy tratando.

Los ojos de dos comienzan a desorbitarse, parece que el café ya no es suficiente para amainar los estragos del alcohol en nuestro misceláneo grupo. Uno por fin se va argumentando que tiene que estar en otro lado, siempre es así, pretende tener una agenda llena para ocultar su miedo al compromiso y necesidad de atención, sabemos que va donde le hagan lisonjas, donde le digan que su juventud no le ha abandonado, donde con suerte pueda tener una relación de una sola noche pues mañana al despertar en la soledad de su cama, reanudará la búsqueda de su pareja ideal… por una noche.

El segundo parte también, tiene una historia con las drogas y parece que la abstinencia le está alcanzando de nuevo, espero que llegue bien a casa porque conociéndole terminará acostado en una cama ajena probablemente en un estado inconveniente enmarcando el cuadro en su ansia de autodestrucción que jamás le ha abandonado desde que nos conocemos.

Nos quedamos dos, la conversación sin ellos es complicada pues aunque nos queremos  sabemos que somos polos opuestos, nos gustan cosas similares de cuando en cuando y esas son nuestro salva vidas cuando todo se pone raro. El tiempo pasa hasta el punto que la lluvia cesa dejándonos en el café a una pareja y a nosotros, los meseros nos miran mientras pedimos la cuenta, la pareja de junto hace lo mismo, nos sonreímos mutuamente mientras los ojos de ella nos miran curiosos, las barbas nos hacen parecer familiares y quizás la forma en que nos miramos engañe a más de uno.

Salimos con la pareja hablando de trivialidades, diciendo chascarrillos para hacer más ameno el rato, nos compartimos el Facebook para quedar con ellos la próxima vez pues les parecimos divertidos, yo me siento como animal de zoológico exhibiéndome porque no me queda de otra ante la mirada curiosa de las personas, mientras el con su clásica sonrisa les haces plática hasta que deciden irse.

Nos miramos largo rato porque así es como somos, un par de curiosos parados en el extremo del mundo viendo al otro lado, nos abrazamos y damos un beso porque eso hacemos, es lo más natural en nuestro círculo que se ha ido acortando debido a a susceptibilidad de los demás miembros. No nos importa.

Espero a que el auto venga por el porque eso es lo que hago, cuido a quienes quiero, se que en casa le espera su pareja probablemente solo para volver a salir más noche o armar una reunión más pequeña en su departamento con “amigos divertidos” a donde no estoy invitado porque como dije, estoy chapado a la antigua. Se que es feliz con esa vida y me alegra, al subir al auto se va mirándome como si no se quisiera ir y con la curiosidad de preguntarme más sobre mi vida, sabe que no le diría nada por mas que lo quiera porque mis batallas las gano o pierdo solo, soy ese enigma en el grupo que si bien no es desagradable, a veces es incómodo.

Esta noche decidí caminar mientras le veo marchar, acomodo mi boina, meto las manos en la chamarra, ajusto los anteojos y con paso pausado camino hasta el departamento, nadie me espera porque hace años que decidí que no deseaba preocupar a las personas, me voy pensando en cómo las formas se hacen viejas, en cómo todo se marchita con el paso del tiempo por más que nos empeñemos en cuidarlo, me voy extrañando a mis padres, a mis amigos e incluso a mi ex pareja que tanto quiero. Dudo que algún día pueda amar a alguien de la forma que le amé, pero ya no me preocupa porque en la vida he conocido un amor pleno, recíproco e intenso.

La noche cubre mis andar mientras el ruido de la calle ahoga mis pasos entre la multitud, llego a casa, me doy un baño caliente que me reanima, después en la intimidad de mi cuarto cubro mi desnudez con la vieja guitarra que mi madre me regalara y comienzo a rasguear la melodía que compuse anoche, una vez más quiero que el alba me arrulle y me haga dormir tranquilo, en paz.

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El hospi

Me abruma pensar que mi vida este tan ligada a ese logotipo verde que simula a una madre cargando a su hijo o bien unas manos juntas. Desde pequeño he sido una persona sensible en grado sumo, muy perceptible de la “vibra” de lugares y personas, gracias a eso mis primeros recuerdos de la clínica a donde iban mis papás y donde dese pequeño asistí han sido muy vividos.

Recuerdo los aromas, la sensación de estar rodeado de enfermedad por llamarlo de algún modo, el desconsuelo de tantas personas mezclado con el fiuf de otras tantas, los viejos, jóvenes, niños, embarazadas y el personal mismo irradia energía que no es precisamente positiva, entre los dolores, preocupaciones, hastío y miedo, ese caldo de emociones parece drenar la felicidad cuando es percibido, es como sinal entrar un dementor gigantesco abriera la boca esperando besar a más de uno.

Hoy son las 6:15 de la mañana y vuelvo a llegar, aún con el cielo obscuro a las puertas del hospital, solo es un examen de rutina pero revive en mi viejos fantasmas que me acechan día a día, la enfermedad de mis padres, las múltiples operaciones y decesos de mis tíos, el olor a orina de diabético mezclado con cloro e isodine, las personas con cara de cansancio sucumbiendo a sus pensamientos en la sala de espera, los policías con el frío que provoca más de una noche sin dormir, el personal tratando de dar su mejor cara mientras lidian con sus propios problemas, su hastío e incluso su indiferencia ante el dolor que día a día presencian de primera mano, puede verse incluso un cementerio de esperanzas en sus ojos que han debido presenciar múltiples muertes, las cuales dejaron visibles marcas en su alma.

Estoy sentado escribiendo esto mientras las personas que me rodean, en su mayoría gente mayor, me observan absorto en el teléfono, todos tratan de hacerse amigos, supongo que para distraerse del miedo que provoca el simple hecho de estar aquí, se que pueden percibir lo mismo que yo pues no creo ser el único en la sala de espera que ha tenido experiencias cercanas con la muerte. Quiero creer que es solo cansancio lo que veo en sus ojos, pero todos tienen la misma cara que hace un niño cuando le explicas que tiene una infección estomacal… sabe que está enfermo, que puede morir pero al no entender cuál es la razón, solo ponen cara de cachorros regañados, esperando que su madre salga de la nada a darles un abrazo y decir que todo estará bien, que se levanten y le acompañen… yo también lo deseo.

Hospital nuevo, gente extraña, los mismos problemas una y otra vez. Al parecer no necesito soñar para visitar el purgatorio donde los pecados de la carne y el abuso en general es expiado, algunos que se arrepienten y redimen tienen la oportunidad de continuar con la vida, menos fabulosa, con pesar pero aún con el placer de observar el amanecer, otros que han agotado sus oportunidades o a quienes les son negadas por algún motivo, jamás saldrán en pie pues han llegado al punto sin retorno, al portal donde caminan hacia la otra vida y jamás regresan. El muro de los lamentos erigido por el hombre, el hospital…

– El Sercho – 

Cambiando el Magic por Lentes

Que onda gente, el título es más que descriptivo y es un golpe en la cara que te dice “te estás haciendo viejo”. Hoy como cualquier día me puse a ver en qué diablos me voy a gastar unas monedas que he estado ahorrando para despilfarrar en lo que se me venga en gana, al fin llené la cajita y llegado el momento de la verdad me puse a ver qué quiero, qué necesito y qué debo pagar… hasta ahí todo iba bien y sencillo porque normalmente lo que quiero se resume en pocas cosas:

  • Magic
  • Ropa
  • Gadgets
  • Mochilas/maletas/mariconeras/lapiceras y así
  • Video Juegos

Todo lo anterior me hace tremendamente feliz y como soy tan “particular” en todos los rubros, realmente hay pocas opciones de cada rubro que realmente me ponen la piel chinita. Como todo buen Miope me quité los lentes para limpiarlos porque, como siempre, cuando me pongo a pensar en algo detenidamente siempre parece que se ensucian los lentes y debo limpiarlos…

De pronto vi que no se limpiaban del todo, una vez más repetí el proceso y así dos veces más hasta que me desesperé y detenidamente vi las micas, una de ellas tiene unos rayones que se le hicieron por usar lentes en un lugar “poco adecuado” para ellos en el viaje de Guadalajara… entonces caí en cuenta que necesitaba unos nuevos… unas horas más tarde estoy aquí viendo armazones y micas nuevas… es en eso en que me voy a gastar esos “pesitos” que guardé, me hizo sentir bien que realmente no desembolsaré de mi presupuesto fijo para comprarlos, pero ver cuántas cajas de Magic, Gadgets, Ropa, Mochilas y Video juegos se me irán en ello me hizo caer en cuenta que ya m e estoy haciendo viejo, unos años antes ya estaría haciendo unboxing de algunas buenas Foil… hoy a mis 32 años, priorizo el bienestar y la comodidad sobre la diversión.

No se si soy más maduro, lo que sí es que me he vuelto adicto a la vida fácil, a eludir los problemas junto con la gente odiosa que por lo regular los acompaña…. y a últimas “invierto” en vez de gastar… tiene menos adrenalina y cada vez va siendo menos divertido… ¬¬.

#HeDicho

Viaje en moto

Una vida llena de muerte, un vehículo, el viento en el rostro que parece desgastar la faz creada por las expectativas ajenas y ningún destino, el color ocre del horizonte quemando los ojos que ansían frescura, los labios secos y un corazón que parece ser la última reminiscencia de cordura en mi cuerpo.

Los autos pasan, les veo, me ven, nada importa. La botella con licor colgando en el maletero está casi vacía, no me preocupa, hasta donde llegue habrá sido mi destino, lo demás es sólo especulación. Las horas pasan y las botas son fundidas a los pies por el calor que, incesante, cae a plomo en medio de estas solitarias arenas calientes, parecen ser el crisol de mi alma; el tali comienza a cortar la respiración mientras se pega más al pecho, el sudor va siendo cada vez menos agua y más arena, todo pesa, todo me hace ir más rápido en la pendiente, todo se queda atrás.

La chaqueta impide que mi piel se despedace mientras la velocidad aumenta, vienen a mi encuentro los recuerdos de mi madre, de los días felices donde una cabellera abundante adornaba mi cabeza, donde tenía esos ojos llenos de ilusión siempre lubricados de maravillas cotidianas, la boca con saliva fresca, las manos suaves y todo aquello que se ha ido con la melodía que tocan estas manos gastadas sobre las cuerdas de metal. Las esperanzas fueron fuerza, sin embargo ahora pesan sobre mi espalda, las ajenas, las propias, mi cabello se ha ido, las manos llenas de vigor están muy lejos de poder sostener algo que no sean penas, pues es la vida del adulto que anda sin detenerse.

La garganta no me da para seguir tarareando y distraer el adormecimiento en mis brazos por el temblor del manubrio, son demasiadas horas, es demasiado tiempo pero no quiero parar, mi cuerpo sucumbe ante el calor, mi mente ante mi vida, daría lo poco que me queda por estar acostado una vez más en esa cama enorme con todos a mi lado, viendo cómo causaba felicidad mi risa, sintiendo cómo no debía correr pues el tiempo de la mano me llevaba. Poco queda dentro de un cuerpo cansado, valioso pero poco. No veo el momento de abandonar esta carretera desierta, el vehículo está exhausto, parece que mis manos y pies han quedado sellados con las botas y guantes, siento que las ruedas son mías, siento miedo.

El sol amaina, la libertad comienza a vislumbrarse, los labios se han cerrado, los ojos secos, el sudor ha desaparecido por completo al mismo tiempo que la piel se cuartea, hay frío y muchos recuerdos, el alcohol se vació, las cuerdas han destrozado el brazo y el tali apenas es capas de sujetar a mi compañera del hombro.

De pronto, noche. No hay más motor ni cuerpo, no hay recuerdos sino vivencias, no hay tiempo ni vigor, lo logré, he ido tan rápido y lejos como pude, todos y todo se quedaron atrás, aquí soy libre, no tengo conmigo esperanzas o futuro, no tengo tampoco un ápice de compromiso con nada o nadie, soy yo como quiero ser, no rindo cuentas más que a mí mismo… de haberlo sabido antes jamás habría tomado senda tan tortuosa… de haberlo sabido antes hubiera sido fiel a lo que creo, hubiera dicho mucho no, poco sí, hubiese sido menos selectivo con mis amigos, pues por elegir “a mi forma” termine con lo peor… nada cuenta, nada hay, sólo yo, libre en la oscuridad para renacer con el alba.

Serch